1er Festival Internacional de Teatro de Calle, Zacatecas 2002

La Jornada Semanal | Noé Morales | Domingo 27 de octubre de 2002

Columna El mono de alambre

Zacatecas, Zac.– La primera edición del Festival Internacional de Teatro de Calle, parte del legado de la era Minera en la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, no pudo encontrar escenario más propicio que el poderoso universo arquitectónico que conforman los callejones, plazas y plazoletas del centro histórico de la capital zacatecana. 

Durante poco más de una semana, el teatro hubo de competir con la algarabía de los participantes en un congreso charro (autores de borlotes públicos bastante espectaculares, por lo demás) por conseguir el favor del ciudadano zacatecano de a pie, de pronto avasallado por representantes del gremio del sombrero y de la máscara, a cual más estrafalario.

Tras el extrañamiento inicial, el público local demostró un paulatino involucramiento con las actividades del festival. 

Los espectáculos se dividieron en dos vertientes: los producidos por compañías profesionales y los resultantes del Programa Nacional de Teatro de Calle, que durante su primer año de funcionamiento efectivo se abocó al adiestramiento, previa selección, de agrupaciones de provincia de cada una de las cinco regiones en las que se suele dividir al país para efectos culturales.

De esta manera, el festival fungió como el primer escaparate de un proyecto de formación ideado para rendir dividendos a mediano y largo plazos.

La actriz de teatro Elvira Ruiz como Lisístrata en ¿Qué jalan más que dos carretas? Un par de Tetas, adaptación de  de la obra clásica de Aristofanes. Dir. Amancio Orta. Dramaturgia: Marko Castillo Octubre 2002. Representante de Puebla en el Primer Festival de Teatro de Calle Zacatecas, 2002. Facebook Amancio Orta.

En tanto las condiciones de gestación de los montajes participantes han sido en modo alguno equitativas, los parámetros para verter opiniones acerca de los espectáculos presenciados no pueden ser los mismos. Y es por esto que el nivel general del festival fue notoriamente irregular. 

Sobresale en el ámbito profesional el trabajo de la compañía francesa Delices Dada en sus Les Tragediques, una corrosiva parodia de los mecanismos conductuales de quienes detentan el poder, en ésta o en cualquiera de las épocas de la historia. Amén de lo temático, el montaje ofreció hallazgos bastante aleccionadores con respecto al manejo del lenguaje dramatúrgico específico del teatro de calle, aspecto que a la larga se significó como el más importante a mejorar para la mayoría de las agrupaciones restantes. La significación del espacio abierto como generador per se de un discurso escénico y la interrelación palabra-imagen-acción dentro de la estructura dramática fueron los puntos trascendentales a resaltar, mismos que aunados a un sólido delineamiento de personajes arquetípicos, a un muy congruente manejo de una farsa no estridente sino reflexiva, y al atractivo nivel de interpretación vocal en todos los intérpretes (pese a utilizar un lenguaje ficticio), hicieron de éste uno de los momentos brillantes del certamen hoy reseñado en líneas generales.

La Casa de la Sal, dirigido por Alicia Martínez Álvarez, aportó la siempre saludable dosis de teatro social en un evento que, como el que motiva la presente entrega, ostenta una línea fundamentalmente popular. El rescate de las tradiciones del barrio capitalino (específicamente de Iztacalco) que se niega a perder su identidad ha servido en esta ocasión como detonante para que la directora continúe con su consabida exploración en el uso de herramientas actorales como la máscara y la caracterización.

Otro montaje que puede situarse en el lado luminoso del festival corrió a cargo de los representantes chiapanecos, para satisfacción de un columnista que, como el que esto escribe, aprovecha la menor provocación para sacar a relucir el orgullo por su patria chica. 

El eterno retorno escapó a la habitual candidez de los grupos provincianos y se reveló como un muy lúcido ensayo a nivel plástico, imbuido (y por momentos excedido) de un poderoso lirismo. Con todo y regodeos, la puesta en escena de la compañía sureña, fruto de un proceso que como todos los que se auspician en ese estado fue sumamente accidentado por la burocracia cultural local, fue una de las pautas principales que motivan a pensar que el futuro del teatro de calle en nuestro país puede ser cuando menos promisorio. Sustenta esta afirmación lo realizado por la compañía zacatecana Emuratas, una sólida versión del Sueño de una Noche de Verano retocada con elementos prehispánicos. Más allá de ciertos momentos inconsistentes en el conjunto de la puesta en escena, es evidente que el nivel de estos teatreros zacatecanos es bastante más que respetable.

Por desgracia, fueron un par de grupos profesionales del DF (Ciudad de México, editor) los que entregaron los trabajos más endebles del encuentro. Brillante Divertimento, cortesía de Escuadrón Jitomate Bola, contravino la sentencia que dicta que nombre es destino y presentó un bodrio con muy poco de divertimento, nada de brillantez y bastante falta de rigor profesional. Este mismo descuido pudo percibirse en El Vuelo Submarino, dirigido por Marco Vieyra, en donde la carencia absoluta de estructura dramática y el agotamiento de los recursos formales utilizados terminaron conformando una escenificación más bien caótica. Quizás junto con fallas elementales de corte logístico, una selección más estricta de los proyectos participantes sea el ángulo a pulir para un proyecto para el que se desea, más allá de un progreso propio, la mejor de la suertes para que no se vuelva una víctima más de la falta de continuidad tan característica de las instituciones culturales nacionales.


Teatro

La Jornada Semanal | Michelle Solano | Domingo 3 de noviembre de 2002

El teatro de calle no es una actividad propia del teatrero mexicano, extraño caso si se piensa en las dificultades que entraña conseguir un teatro, presupuesto y demás recursos para realizar una puesta en escena, amén de lo molestas que resultan la burocracia y los favoritismos (aunque digan que no, cada cambio de administración así lo demuestra).

La calle es, desde hace varios años (en algunos casos décadas) el lugar en donde varios grupos y personas han preservado sus actividades teatrales principalmente en Europa al margen de espacios habitualmente consagrados a la representación teatral.

En materia de teatro, el 2002 nos ha dado varias sorpresas (por cierto, ¿alguien sabe dónde quedó Otto Minera?) pero quizá una de las más agradables es la Primera edición del Festival Internacional de Teatro de Calle en Zacatecas.

La tradición teatral del país obliga a que se funden festivales o encuentros que promuevan y revelen el quehacer de los teatreros del interior del país y que contribuyan al asesinato feroz de uno de los peores dinosaurios del arte mexicano: el centralismo. Con éste, entre otros fines, y con el compromiso explícito del gobernador Ricardo Monreal de darle continuidad (durante su gobierno y recomendárselo al siguiente), Zacatecas tiene festival para rato.

Como bien explicó el colega Noé Morales, el nivel de los grupos participantes era disparejo y justo en este punto es donde el festival encontró su mayor fortuna; sí, por raro que parezca, pues quizá una de las mayores lecciones que dejó esta primera edición es que los mexicanos estamos pariendo apenas nuestro teatro de calle

Y lo estamos haciendo en sus respectivos niveles: actores, directores, escenógrafos, críticos y público.

Los grupos mexicanos requieren de una metodología teatral cuya carencia es más evidente cuando se mide con grupos extranjeros, aunque sin ánimos de chovinismo he de decir también que no todo lo extranjero estuvo brillante, eso hay que reconocerlo; y, a la inversa, volver a destacar y alabar el trabajo de Grupo Teatral Obra Negra (de Chiapas) así como las actividades paralelas que se realizaron durante el festival: seminarios (donde los grupos extranjeros compartían sus técnicas, métodos y perspectivas teatrales), mesas redondas, un homenaje al actor zacatecano José Carlos Ruíz y los bien recibidos e inolvidables Potlatch (una visita nocturna de un grupo teatral extranjero a un barrio popular zacatecano, con el objetivo de compartir y convivir).

El grupo polaco Teatr Ósmego Dnia, se encargó de clausurar el Festival con un magnífico espectáculo llamado Arka y que constituye en sí una gran explicación de por qué ellos trabajan en la calle, y por qué se justifica plenamente la existencia del teatro callejero no sólo para Polonia, sino para el mundo entero...

Nada de textos, la metodología de Ósmego Dnia para la improvisación va más allá del sentido lúdico de la misma; aquí significa propuesta dramática, anécdota y no nada más actoral. Sus recursos parecen inagotables: una típica boda polaca, el origen de su pueblo y de sus costumbres, la guerra, la prohibición, el hambre, el destierro y el exilio, el éxodo, un arca donde nos dejan clara la nostalgia por su patria. Fuego, agua, luces, una estupenda musicalización, escaleras y libros que se queman, maletas, actores que todo el tiempo interactáun con el público y se adueñan del espacio (la Plaza de Armas de Zacatecas). Indescriptible. Seguramente cada quien se hizo su propia historia y ése es el principal legado de estos polacos.

Teatr Ósmego Dnia, una compañía que con más de veinticinco años de historia, ha recorrido el mundo con sus espectáculos, ha vivido en el exilio, ha vuelto a su patria y como dice Marcin Keszycki, uno de sus pioneros: 

"Nada de teatro en el teatro, el teatro se hace en la calle, para el pueblo, para la gente que necesita divertirse, que es la única que entiende. Hacer teatro en la calle nos ha permitido ir a contracorriente de lo que establece cada tiempo político que ha vivido Polonia."

La pregunta que nos hereda el Festival de Zacatecas es: ¿qué tipo de teatro de calle podemos hacer en México? La respuesta es ahora un atisbo y quizá en años venideros descubriremos nuestro propio discurso y nuestra propia necesidad de un teatro que esté más en contacto con la gente, en las calles, ahí donde habitan el verdadero corazón y la conciencia de nuestro país. 


Referencias:

Morales, N. «Festival Internacional de Teatro de Calle». La Jornada Semanal, 2002. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, criticateatral2021.org. 27 de octubre de 2002. Consultado el 23 de Junio de 2025.
Solano, M. «1er Festival Internacional de Teatro de Calle, Zacatecas 2002». La Jornada Semanal. 3 de noviembre de 2002. Consultado el 23 de Junio de 2025.
Orta, A. «Lisístrata»Facebook Amancio Orta. 11 de febrero de 2018. Consultado el 23 de Junio de 2025.